¿Cuántas veces te escuché repetir esa frase? “La fantasía en un mundo sin miedo…” Ya no significa nada para mí.
Tú eras la fantasía. La que iluminaba el camino. La que señalaba el norte.
Y ahora solo queda el miedo.
Y no es miedo a perderte.
Es otro. Más denso. Más íntimo.
Es miedo a no encontrar nada cuando te busco.
—¡Despierta ya! ¿No sabes distinguir el día de la noche?
—No me importa si brilla el sol. Mi cama está caliente, y eso me basta.
—Pues abre la ventana, por Dios. Esto parece una jaula de leones…
—Pesada…
—Sí, sí… —sin escucharme, me mostró que, en efecto, era de día. El sol se colaba con descaro, y el calor de mi cama empezaba a esfumarse.
Desde hace semanas, llegar tarde se me ha vuelto costumbre. Antes no. Pero beber hasta vaciarme y volver a casa con los pies tambaleantes no parece tan malo si lo comparo con quedarme en silencio, en casa, pensando. Pensar desgasta.
Prefiero que todo simplemente pase.
Anoche fue otra de esas veces. Jugué con mi cuerpo hasta que pidió clemencia. A veces puedo ignorarlo. A veces gano.
Miré el reloj del salón: casi las cinco. Tal vez una ducha y algo de comida me devolvieran el día, lo poco que quedaba.
Tina me observaba desde el sofá con esa mezcla suya de ternura y fastidio. Me señaló la cocina. Pasta hervida.
No es que me entusiasme, pero en una casa como la nuestra —últimamente con ingresos justos por mi parte, y Tina sobreviviendo como puede con sus becas de estudiante—, eso es casi un lujo.
Y una preocupación menos.
—¿Cómo estás? —bajó el volumen de la tele, mirándome con calma.
—Bien. Anoche me pasé, pero sigo viva.
—Ya… ¿Y vas a buscar entre los escombros, como Mónica Naranjo ?
Tina es más que una amiga. Es mi refugio.
La conozco desde el instituto. Al mudarnos juntas, se convirtió en brújula.
Sin ella, mi vida habría sido una sucesión de muros.
Y aquí sigue. También ahora.
Soñar contigo
Anoche soñé contigo.
Parecíamos felices.
Reíamos.
Hablábamos.
El aire sabía a amor.
Recuerdo el brillo de tus ojos,
la dulzura de tu voz,
el sabor de tus besos.
Pero al despertar, solo quedaba el regusto agrio del alcohol.
—Vas a morir de fibrosis —dijo Tina, recogiendo el paquete de tabaco de la mesa—. Te lo he dicho mil veces: no fumes aquí. Me matas con ese humo.
—¿No puedes darme tregua ni una vez?
—Ni una. Apestas. Tu ropa, tu pelo... Dúchate. Vamos de compras. Come algo. No es foie, pero tu estómago lo agradecerá.
—No estaría tan segura —murmuré, mientras ella me acercaba el plato.
—No hay trato. Comes, te duchas y nos vamos. ¿Vale?
Dobla el paquete y desaparece. Tina siempre cumple su palabra.
Diciembre
El día pasó volando.
Dormir hasta tarde tiene eso:
cuando te das cuenta, la noche ya acecha.
Navidad.
Regalos.
Familia.
Chimenea.
¿Y tú?
¿Dónde sueñas?
Tina dice que hoy puedo ver una película entera sin distraerme. Lo intenta. Se esfuerza.
Las compras fueron un fracaso. Lo único que me mantuvo en pie fue un café horrible y carísimo.
Los adornos, los anuncios de "tu persona especial", los Santa Claus ridículos… todo falso.
Nada ayudó.
Ni siquiera aquella tienda de complementos donde, un día, reímos como niñas y salimos con nuestros anillos de colores.
No te echo de menos (mentira)
No te creas que te echo de menos.
Mentira.
Tiraré ese estúpido anillo.
Nunca me gustó.
Y solo porque te recuerde no significa que te eche de menos.
Es lógico acordarme.
Pasé demasiado tiempo contigo.
Estúpida.
Río.
La película es graciosa.
¿Cuánto hacía que no reía?
¿Cuánto hace que tú no estás?
Flores
Las semanas se estiran como años.
El campo empieza a florecer. El aire huele a algo parecido a la calma.
Hoy casi no pensé en ti.
He perdido peso, pero no es por tristeza.
Hago ejercicio.
Tengo vicios mejores que comer.
La moto no arranca.
Tina se queda sin paseo.
Caminamos.
Tal vez haya una flor bonita que me detenga un rato.
Qué absurdo, ¿no?
Mirar algo que va a marchitarse.
Siempre estropeo todo.
Estrellas
La noche cae.
No asusta.
El cielo está cubierto de puntos.
Brillan.
No me asustan los grillos.
Ni las luciérnagas.
Estoy sentada. No me muevo.
—Pide un deseo —dice Tina, señalando una estrella que se escapa.
—No me ha dado tiempo…
—Vendrán más —responde, ilusionada.
Vendrán más…
Amores.
Dolor.
Deseos.
¿Vendrás tú?
Ojalá.
Solo un día más
Al final sí pedí un deseo.
Te mentí.
Te echo de menos.
A veces creo que estás sentada a mi lado.
Que voy a sentir tu beso.
Que si cierro muy fuerte los ojos y los abro, aparecerás.
Hace tanto que olvidé tu olor…
Deseo recordarlo.
No.
Deseo que tú me lo recuerdes.
Solo un día más.
Con los ojos abiertos.
Mirándome.
Playa
Hace calor.
Estamos en la playa.
Las familias ríen.
Los niños se bañan.
Yo descanso sin mojarme.
No es lo mismo.
Tú lo sabías.
Todos creen que Tina y yo estamos juntas.
Pero no.
Ella tiene novio.
Vuelve pronto de Italia.
Pasaré mucho tiempo sola.
Pensando.
Entendiendo que el olvido no llega con el tiempo.
Mentira tras mentira.
Tu perfume
Hoy recordé tu olor.
Cerezas frescas.
Inundaba la habitación.
Permanecía.
Esperaba.
Me gustaba respirarlo profundo.
Pero más aún…
Tomarlo directamente de tu cuello.
Tina no me suelta.
Piensa que la necesito.
Tiene razón.
Sin ella… tal vez estaría contigo.
No me arrepiento de escucharla.
Es buena.
Y yo no tengo nada que ofrecerle.
No es justo.
Despertar
He leído un libro: La inutilidad del sufrimiento.
Algo me ha ayudado.
Intento levantarme más temprano.
Estudiar.
Recuperar algo.
No lo lograré. Pero lo intento.
He decidido dejar de culparme.
Tal vez incluso… te perdone.
No estoy segura.
Dicen que usamos solo el 10% del cerebro.
Desde que no estás, uso más.
Estoy segura.
¿Dónde meto tanta fantasía de ti?
Quizá ya esté loca.
Quizá lo estuve siempre.
Adiós
Hoy toca cine.
Comedia romántica. Final feliz.
Tina quiere verla.
Su novio regresa mañana.
Se casan.
Yo seré su madrina.
Vestido alegre para un día alegre.
Me alegro por ella.
Sé que tú también.
Ya no puedo seguir escribiéndote.
Empiezo a confundir fantasía y realidad.
No quiero mentirte.
Ya me conoces.
Si aquel día la lluvia hubiera tenido piedad…
Si las ruedas de tu coche hubieran estado nuevas…
Si no te hubiera dejado irte por aquella absurda pelea…
Verías mi vestido.
Mi cara a juego con él.
Espero que, donde estés, lo veas.
De verdad lo espero.
27 de septiembre
Un año sin ti.
Te he comprado flores rojas.
Tina, blancas.
Te gustarán.
Huelen bien.
Encontré tu perfume.
Lo usaré para ir a verte.
Espero que también te guste si echo un poco.
Lo siento, amor.
Ojalá tú aquí.
O yo allí.
Luchar nunca se me dio bien.
Solo quiero que lo sepas:
Te quiero.
Y será así siempre.
He ido a verte todos los días este mes.
Me dijeron que no lo hiciera.
Que no era sano.
Que no vas a despertar.
Pero tú no estás muerta.
Tu piel no está fría.
Hoy han decidido desconectarte.
No me parece justo.
Sé que es egoísta, pero…
Me había acostumbrado a verte así.
A fingir que estabas.
Y ahora llega el adiós.
Te quiero. Para siempre.
—¿Cómo estás? —una mano me rozó el hombro.
—Bien. Le he leído la carta.
—Seguro que le ha gustado. Es preciosa.
—Sí… seguro que sí.
Te he despedido tantas veces…
Ver tus cenizas caer al agua es solo un paso más
para seguir queriéndote igual.
**Tal vez la fantasía no sea un mundo sin miedo,
sino uno donde tú sigues existiendo.**


